Comencé a caminar lentamente hacia la escalera. El dejar que una chica me manejará la vida no era algo que como “macho recio” me hubiera dejado hacer. Además, este era el momento que tanto había esperado y me costaba dejar todos mis sueños de lado. Por fin después de tantos años mi padre se estaba abriendo conmigo, me estaba escuchando y me demostraba que le importaba, era fácil acostumbrarse a eso. Así que aunque Ursula fuera la última mujer que me hablara de la tierra no dejaría que se interpusiera en lo que llevaba esperando casi 11 años.
Tenía tantas cosas que decirle a mi padre, tantas preguntas que hacer. Tenía años de vacío llenos de preguntas. Esta iba a ser una larga conversación, una puerta que se me abría a otras conversaciones que ya estaba esperando. Sentía que debía conversar todas estas cosas en otro lugar, en una habitación mas cómoda, tal ves en el living o en el comedor, pero definitivamente el baño no era el mejor lugar para un hecho tan importante.
¡Papá! ¿Qué te parece si conversamos en living? Como que el baño es el mejor lugar para conversar.
¡Ya!- me dijo bajando las escaleras de manera animosa- ¡oye! Y ¿Quien llamaba?
Equivocado- mentí descaradamente. No sabía mentir, no estaba en mí ser. Por alguna razón mi cuerpo se negaba a mentir, y me delataba mientras mentía. Algo completamente incontrolable y un poco vergonzoso. Pero fue algo tan simple que podríamos llamarlo más una mentirilla blanca que una mentira común.
¿A quién buscaban esta vez?- me dijo entrecerrando los ojos.
Mm.. no recuerdo, una Juana algo...
Jajaja. Ok- dijo riéndose. Me descubrió, pero no dijo ni una palabra. ¿Comenzamos?- indicándole el sillón del living. -¿Que quieres hablar?
De todo, ¿te parece?
Ya po.
Comenzamos con algo simple: su día de trabajo. Luego me pregunto por el colegio y por los siameses. Dimos saltos de tema en tema. Hasta que me atreví a sacar el que realmente importaba.
Papá... una pregunta...
¿ah?
¿Es común que las chicas no se te acerquen hasta cierta edad?- fue de la única forma de que se la pude preguntar.
La pensó un momento, pero antes de que me pudiera contestar sonó el timbre. Con un movimiento de su dedo me indico que lo esperara. No se demoró mucho en volver.
Lucas te buscan afuera.
¿A esta hora? ¿Quién es?- ya eran las 12 y algo, y me asombraba que alguien me viniera a buscar, solo los siameses solían hacerlo.
No se su nombre, no le pregunte. Pero es una chica.
No creía capaz a Ursula de venir si no corría a su llamado. Esta visita de sorpresa no era más que la señal de que era importante que saliera.
Dile que voy inmediatamente.
Subí lo mas rápido que pude al segundo piso y me cambie polera, para que no me viera con la misma de esa tarde. Cuando me disponía a bajar escuché la voz de Ursula en el living. Claro, no me equivocaba. Estaba sentada conversando con mi padre.
Es que mi madre se ha enojado conmigo por salir sin avisarle y quería saber si es que Lucas me podría acompañar a mi casa y contarle que por lo menos no salí sola, sino que fui con él- decía Ursula con la cabeza gacha y las manos juntas sobre la falda. Ella también se había cambiado de ropa, ahora vestía unos pantalones cortos hasta la rodilla, de esos que les llaman capri, y una camisa acuadrillé acortada con un nudo a la altura del ombligo. Se habia dado inclusive el tiempo de hacerce un peinado levantado y con la frente al descubierto.
Mm... no creo que a tu madre se le quite el enojo por llevar a Lucas contigo...tal ves se le quite el enojo contigo, pero se enojará con Lucas y esa no es una buena manera de presentarle a tu pololo.
- ¡¿Pololo?!- grite mientras salía de mi escondite- ¡Yo no estoy pololiando con ella! ¡Yo no estoy pololiando con nadie!- dije con el rostro colorado. Cómo se atrevía mi papá a decir algo así.
-Bueno… Si quieres le digo amiga, pero eso sería negar a Ursula ¿No crees?
- ¿Negarla? ¡A Ursula apenas la…!
- ¡Claro! ¡Por eso me preguntaste por chicas! Ahora lo entiendo todo… ¡Me querías contar que tienes polola!
-¡No! ¡Por dios! Te quería contar otra cosa…- dije nervioso. Ese era el tema por el cual había peleado con ella hace unas horas atrás, y ahora estaba ahí, sentada, hermosa y sin decir nada.- Además ¿qué haces tu acá?- Ver otra vez a Ursula a los ojos era molesto, me sentía idiota.
Nunca me ganaba nada, no era mi esfuerzo el que había logrado lo imposible, ni que yo le hubiera pedido perdón y que volviera a mi vida; simplemente la vida me estaba dando una lastimosa segunda oportunidad para verla.
- He venido a pedirte un favor. Pero tu padre, muy amablemente por lo demás- lo miro y le dio un hermosa sonrisa de regalo. Sonrisa a la cual mi padre no pudo reaccionar- me ha aconsejado que no te meta en mis problemas; él me dice que no es la mejor forma de comenzar una relación, y para ser honesta creo que es lo mejor.
¿De qué cosas estaba hablando? Nosotros no teníamos nada más que una seudo amistad y ahora ella me estaba diciendo que tenemos una relación, habré pasado inconsciente mucho tiempo por que no pude recordar nada relacionado con que fuéramos “pololos”. Nunca me hubiera atrevido a pedirle tal cosa y ella tampoco hubiera aceptado. ¿Entonces?
- ¿Qué es lo que estas diciendo? Disculpa que sea grosero, pero…
- Si se que tu le querías contar a tu padre lo nuestro, pero te demorabas mucho y llevaba un buen rato esperando a fuera y…
-¿La tenias afuera? ¿Cómo se te ocurre hacer una cosa así? Yo no te he criado como para que actúes así con una chica- En realidad tenia razón, pero específicamente por que nunca me había enseñado nada relacionado con las mujeres.
- Primero, yo no sabía que estaba afuera. Y segundo, nosotros no somos pololos…apenas- Al parecer a ella le encantaba interrumpirme.
- ¡Si! Somos una pareja reciente, pero bueno digamos que estamos en la etapa más hermosa de una relación, ¿O no cree usted Tío?
Estaba exasperado, molesto y completamente nervioso. Era como si me hubiera perdido una parte de la historia, como si me hubiera movido a otra dimensión donde las cosas eran como ella decía. Debía hacer algo. Tenía que detenerla, pero el miedo de dejarla como una chica mentirosa y loca delante de mi papá me retenía, aunque no debía protegerla, más que mas, ella era solo una extraña que estaba hablando hasta por los codos de nuestra supuesta relación. Que venia a hablar ella si conocía mas a las hormigas de la casa de los siameses. Pero al mismo tiempo, que era lo que sabía yo de relaciones más que lo que mostraban en televisión y las revistas, ¿no es que acaso no hay que creer todo lo que sale en allí? Definitivamente me encontraba perdido.
-¿Ursula… Podrías dejarme a solas un momento con mi papá? - Dije al fin con la cara mas seria que tenía.
- Claro, claro, pero dime….- se cruzo de brazos y me levantó una ceja- ¿A donde quieres que vaya querido?
- OK…- Si las revistas y la televisión tenían razón en alguna cosa debía ser en la afirmación: las mujeres son como la luna. Y yo no sabia en que maldita etapa estaba Ursula- hablaré en frente tuyo. Papá con Ursula no nos conocemos- y antes que ella me interrumpiera- aun, estamos… como te digo… andando... bueno, saliendo, conociéndonos, no somos pololos…
- Pero Lucas…- Ursula no quería guardar silencio.
- Silencio!... mi amor- Tenía 15 años, nunca había dado un beso, menos pedido pololeo y ahora le decía mi amor una verdadera lunática- por favor, ¿Me dejas terminar?- Al no contestar continué- pero vuelvo a repetir si estamos saliendo. Me gusta- no podía creer que estuviera diciendo eso- y me gusta mucho, pero no pensé que era el momento de contarte de ella, solo eso.
Con ese discurso ambos quedaron asombrados y ninguno lo quiso ocultar.
Mire finalmente a mi papá y lo miré a los ojos, el inmediatamente entendió el mensaje, pidió permiso para retirarse y subió al segundo piso. Al estar arriba grito:
- Lucas aquí hace más calor que en el infierno. ¿Por qué no mejor salen al patio y se sientan en el cobertizo?- Me pareció una excelente idea y saque a Ursula tirandola del brazo.
El calor de las últimas semanas de verano era tan pesado como el de plena estación y transformaba mi cobertizo en un lugar muy agradable. Lleve a Ursula a un lugar donde mi papá no pudiera escuchar nada desde arriba y recién allí le solté el brazo.
- ¿A qué viniste Ursula? No creo que la historia de tu mamá sea cierta.
- Lucas debo confesarte algo. Cuando te vi por primera vez me diste la impresión de que eras una persona extremadamente intuitiva.
- Entonces no me equivoco.
- Todo lo contrario…- Me dijo levantando la mirada del suelo y clavándola en mis ojos, causando una sensación peor a la humillación. ¡¿Es que acaso no tienes sentido de la supervivencia?!- Ursula se altero de la nada, movía sus brazos en todas direcciones y respiraba agitadamente. Mientras que al mismo tiempo decía cosas que no entendía y se desarmaba su peinado.
- ¡Ursula detente! Por favor háblame claro y relájate, si sigues así no hay forma que te entienda.
Respiró profundo haciendo algunos movimientos de yoga, se ordenó la ropa e intento armar de nuevo su peinado.
- A ver… veamos como vienen las cosas. Dime ¿ De qué hablabas con tu padre?
- Mmm… de varias cosas en realidad- Pero de repente reaccioné. Que le importaba a ella que cosas hablaba con mi papá.- pero ninguna que te incumba- dije finalmente retrocediendo un par de pasos.
- Eso es lo que tú crees corazón, así que respondeme ¿De qué hablaban?- me dijo levantando una ceja, como dándome una orden, pero a pesar de mi molestia terminé contestándole.
- De mi tía… hablábamos de mi tía y algunas cosas de la casa.
- Mmm… ya… y me imagino que hablaron de mi- A pesar de lo tensa de la conversación ella se sintió como avergonzada de lo que me estaba preguntando.
- ¿Debería? Ahh… verdad que ahora tengo polola y dime mi amor cuando comenzó toda esta cosa. Me debes una explicación de todo lo que pasó allá adentro y en este momento debería ser yo quien hace el interrogatorio- me miro a los ojos y no movió ni un músculo- no… no le dije nada de ti.
- Que alivio, por un lado, pero por el otro… me he delatado sola. Soy una imbecil.
-¡¿Cómo que alivio?! ¡¿Delatarte?! ¿Quién eres Ursula?- Esa era la pregunta exacta- Por dios me haz metido en un lío que no entiendo. ¡Explícame!
- Puedo preguntar algo antes- el silencio otorga- ¿Le dijiste que no puedes comunicarte con las mujeres?
- ¡¿Cómo que no puedo?! ¡Estoy hablando contigo o no! Y, además, me acabo de enterar que estoy pololiando así que podemos dejar mi “maldición” de lado, ¿no crees?
- ¿Me vas a responder o no?- de nuevo sin mover un músculo.
- ¿Y tu responderás?
- Te prometo que te contestare todo lo que quieres, pero necesito esa información primero.
- No señor carabinero no le conté… en realidad no alcancé, llamaste justo cuando saque el tema… tampoco sabia como hablarlo.
- ¿Cómo es la cosa? ¿Le dijiste o no?
- Solo le pregunte si era normal que las chicas no se me hubieran acercado por tantos años.
-Me alegro… Eso significa que estamos a salvo… aun. El debe de pensar que estas en plena adolescencia y que te están comenzando a gustar las chicas. Pasará todo piola.
- Ya tu turno.
-Lo siento Lucas pero debo irme, es muy tarde. Tu ya sabes como es mi vieja.
Y en 3 segundos Jekyll and Hide se había ido de mi patio y arrancado hasta la calle. Lo último que vi fue su pelo suelto y descontrolado mientras cruzaba la calle.
Prohibida su reproduccion © Melanie Rojas 2010
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